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Nadie te lo dice, pero lo que ocurre en la mesa cuando tus hijos son pequeños, se queda con ellos para siempre.
No se quedanrán con los alimentos que comen. Sino cómo se sintieron comiéndolos.
Si esa hora se vive con tensión, las batallas y el rechazo de comidas se incrementa. Si se vive con calma, con curiosidad, con amor, lo que se incrementa es las ganas, el probar alimentos nuevos, y la confianza.
Este libro no es un recetario, ni un plan de menús perfecto, ni un listado de cantidades que tu hijo debe comer.
Es una guía para acompañarte a ti como madre y acompañar a tus hijos, etapa a etapa, con las herramientas que a mí me hubiera gustado tener cuando fui madre.
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